lunes, 25 de mayo de 2009

"Mi aventura de ser docente"

¡Hola Mtro. Benjamín E. y compañeros docentes!
Me complace compartir con ustedes, mi aventura de ser docente.
Después de veinte años de laborar como docente, he aprendido a ser profesora por ensayo y por error. En el andar de nuestra profesión deben sortearse distintas problemas, como elaborar nuestra propia identidad profesional, manejar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado.

Recuerdo mi primer día de clase, tenía 21 años de edad y aparentaba que todo estaba bajo control, pues me encontraba frente a un grupo de varones, tratando de ponerme nerviosa diciéndome que era un desperdicio estar en un convento, pero me dedique a adquirir conocimientos, estrategias, técnicas grupales, dinámicas y dominio de los códigos y canales de comunicación; pero me faltaba la experiencia.

Al pasar los años, corregí muchos errores y reforcé lo positivo, pude dejar las apariencias y me sentí en libertad de ser docente como dice José M. Esteve: “la libertad de estar en clase con seguridad en mí misma, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos. Y con la libertad llegó la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.”

Me esmero por ser maestra de humanidad ayudándoles a los discentes a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea.

En la mayoría de mis sesiones busco crear inquietud en mis alumnos y recrear su curiosidad descubriendo el valor de los que vamos a aprender, para que lo vamos a aprender y como lo vamos a poner en práctica en nuestra vida cotidiana.

Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento, y entonces encuentras la libertad de expresar en clase algo que te es muy querido. Inmediatamente recibes la respuesta: los jóvenes se enganchan de tu palabra y ya puedes como dice José M. Esteve: “dejar correr el sedal, modulas el ritmo de tu explicación a la frecuencia que ellos emiten con sus gestos y sus preguntas, y la hora se pasa en un suspiro -también para ellos-. Y entonces descubres la alegría: ese momento de magia te recompensa las horas de estudio y te hace sentirte útil en la enseñanza.”
Me despido de ustedes con un fuerte abrazo virtual.

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